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José Carlos Martinez, Premio Dansa Valencia 2011
6 May 2011
José Carlos Martinez, Premio Dansa Valencia 2011

La Temporada Internacional Dansa València, parte de la programación regular de Teatres de la Generalitat y coordinada por el Centro Coreográfico de Teatres de la Generalitat, premiará al coreógrafo y próximo director artístico de la Compañía Nacional de Danza, José Carlos Martínez, por su “excelente trayectoria, primero como intérprete y luego como coreógrafo”.

Asimismo, con este reconocimiento se pretende distinguir la “estrecha relación” mantenida por Martínez con el Ballet de Teatres, con el que bailó el papel de Cascanueces en la producción ‘Congelado en el tiempo (2003), de Ramón Oller. Dansa València ha recordado que además participó en la gala inaugural de L’Altre Espai de Teatres de la Generalitat y que ha presentado su compañía en Dansa València.

El Premio Dansa València se otorga como reconocimiento a la trayectoria nacional e internacional de una personalidad del mundo de la danza. Este galardón se creó en la edición 2005 del festival para rendir un tributo a aquellos artistas que dentro del ámbito de la creación coreográfica son y han sido una referencia indiscutible.

La distinción tiene la voluntad de contribuir a la memoria de la danza en la Comunitat Valenciana, según Dansa València, que ha recordado que ya han sido galardonados en anteriores ediciones Nacho Duato, Jirí Kylián, William Forsythe y Mats Ek, Ohad Naharin, y Jean-Christophe Maillot.

Laudatio José Carlos Martínez (Premio Dansa València 2011)

Los que hayan tenido la oportunidad de ver bailar a José Carlos Martínez, en este teatro o en cualquiera de los muchísimos escenarios que ha pisado, recordarán sin duda la tremenda naturalidad con la que interpreta cualquier coreografía. Es la sobriedad del sabio, del que ama y respeta profundamente lo que hace pero también el paso más allá de la técnica, una cualidad reservada a muy pocos bailarines, a los fuera de serie.

José Carlos Martínez baila y con él la danza no es únicamente una disciplina artística, es también un constante desafío a las leyes de la física. Se empeña en demostrar que la gravedad es relativa o que un cuerpo puede girar sobre ejes imposibles. Gracias a esta rara conjunción de talento y virtuosismo lo ha demostrado casi todo como intérprete. Llegó a lo más alto del Olimpo académico coronándose Bailarín Estrella de la Ópera de París en 1997 tras ganar la medalla de oro en el concurso de Varna en 1992 o en el de Lausanne en el 87. Lo bailó todo, o casi todo, y además bien, muy bien. Trató a los grandes, y de ellos aprendió a mirar el mundo mientras iba de un lado a otro, siempre con la maleta a cuestas y unas zapatillas preparadas para saltar al escenario.

En su carrera no hay un momento de respiro, si no era sobre la Ópera Garnier o Bastille, estaba colaborando con las mejores compañías de danza del mundo, compartiendo galas con las figuras más prestigiosas del ballet, con un hambre insaciable de experiencia, siempre con la misma humildad a la hora de salir a escena, con idéntico respeto al público de París, de San Petersburgo… o de Valencia.

Y esa experiencia acumulada, ese constante aprendizaje con los Maestros, me refiero a esos coreógrafos que ocupan lugares destacados en los libros de historia, cuajó en un José Carlos Martínez más íntimo. Dentro del bailarín, intérprete extraordinario de coreografías ajenas, fue creciendo un creador que poco a poco ocupó su lugar, sin conflicto, con la misma naturalidad con la que le suceden las cosas. Así, de manera certera, dosificando sus creaciones, avanzó con suave determinación en el incierto mundo de la coreografía y sorprendió con una obra artística madura e inteligente. El estreno de “Les enfants du Paradis” en la Ópera de París supuso un punto de inflexión en su carrera. Atreverse a realizar la versión coreografiada de la que los franceses consideran la mejor película de su cinematografía era un gran reto, mayor si tenemos en cuenta que José es español, que superó con talento y éxito.

En estos últimos años su carrera ha dado un giro hacia la creación que lo llevaría a Shangai, a Tel Aviv, pero todavía nos habría de sorprender una vez más cuando recientemente el Ministerio de Cultura anunciaba que sería el nuevo director de la Compañía Nacional de Danza. Su trayectoria, impecable, lo trae de vuelta a su tierra para desarrollar un nuevo proyecto. Un proyecto al que se enfrentará seguramente con la misma humildad con la que sigue subiendo al escenario pero también con su mirada amable e inteligente y la maestría adquirida en tantos años de ensayos y teatros.

José Carlos Martínez es un artista impregnado de danza, su cuerpo posee una inestimable destreza al servicio de una sensibilidad especial. Cuando uno lo conoce sabe que baila como es, tan extraordinaria persona como excelente intérprete. Su fuerte personalidad se echará de menos en la que fue su casa durante más de veinte años, la Ópera de París. Hoy es un placer compartir con él este momento, la entrega de un Premio que reconoce su aportación al patrimonio coreográfico. Espero que en esta nueva etapa los valencianos sigamos compartiendo y disfrutando sus éxitos en este teatro.

No puedo acabar este pequeño texto sin confesar mi cariño de “hermano mayor”, éramos los dos únicos españoles en la escuela de Rosella Hightower en Cannes y allí descubrimos de qué iba esto del baile. Estoy seguro de que Rosella, que poseía un don especial para reconocer el talento, sabía que tenía en sus manos un diamante en bruto.

Leonardo Santos

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