Otras Miradas
15 Jul 2010
Mis personajes

Giselle de Mats Ek 

La Giselle de Mats Ek está por encima de todos los ballets que he hecho por muchos motivos. 
Bailando Giselle de Mats Ek sentí por primera vez que podía mostrar mi verdadera personalidad encima del escenario sin necesidad de actuar.Mats Ek no busca que el bailarín interprete un personaje, sino que utilice sus sentimientos personales y auténticos para darle vida.
Él trabaja con todos los intérpretes a la vez con el fin de obtener la relación entre personajes que busca en escena. Al principio quisimos probar con el papel de Albrecht, pero pronto se dio cuenta de que mi personalidad era más apropiada para el rol de Hilarión.

La experiencia es genial porque, a diferencia de otros ballets, no tienes que sentirte identificado con el personaje por obligación, en Giselle llega de forma natural. Tanto para el espectador como para el bailarín la visión es muy fuerte porque yo no tengo que forzar un sentimiento… el personaje siente como yo me siento en ese momento.

Me siento muy involucrado con este ballet porque me ha marcado profundamente. Por lo general cuando termino de bailar vuelvo a ser yo, regreso a mi camerino hablando y entre bromas, como de costumbre, cosa que me resulta muy difícil en la Giselle de Mats. Soy tan sincero conmigo mismo en el escenario, lo que sucede encima de las tablas me resulta tan fuerte que la frontera entre Hilarión y Jose se vuelve difusa, como si todo lo que hubiera sucedido en el escenario hubiera sido real.

Podría bailar esta Giselle eternamente. Las emociones son tan intensas, tan naturales, que una mínima diferencia en el estado de ánimo entre una función y otra convierten lo que sucede en algo “especial” que no se vuelve a repetir  y eso hace que cada función sea única.

 

La Belle Durmiente

La bella durmiente no es mi ballet favorito. 
Aunque me parece excesivamente rígido y formal, me encanta bailarlo porque contiene un momento realmente mágico durante la variación lenta del segundo acto. Es una variación ”única” dentro del repertorio académico.

Todavía no he encontrado nada parecido a lo que siento bailando ese solo de seis minutos, exceptuando el Nosferatu de JC Gallotta. Cuando comienza el ballet estoy solo en escena, me dejo llevar por la música y empiezo a fusionarla con la danza. La coreografía es muy diferente a la de la Bella, pero las sensaciones que tengo en el escenario son muy similares.

Aunque pueda parecer una visión un poco egoísta de la función, creo que el ballet merece la pena sólo por el placer que me produce bailar esa variación.

Se baila con un solo de violín, y si se consigue la complicidad suficiente entre el bailarín y el músico, la coreografía es secundaria porque la música te dice cuándo respirar, la duración de un equilibrio o una pirueta, en función de la química entre músico e intérprete. Me encantan los momentos previos al comienzo, cuando todavía no sabes cómo tocará el violista ese día, y poco a poco, escuchando la música, sintiéndola, se produce esa perfecta cohesión entre música y danza.

 

El Lago de los Cisnes

Al principio tuve problemas con el rol del Príncipe, sobre todo en el primera acto. Elegí una manera de interpretarlo moderna, muy natural, intentando acercarme a lo que podría ser un príncipe de hoy, pero las reacciones no fueron positivas. Algunos pensaron que tenía pánico escénico, otros que estaba enfadado, o incluso llegaron a preguntarme si me habían avisado a última hora de una sustitución y había salido a bailar sin ganas.

Entonces opté por construir un personaje más romántico, un príncipe diferente, mucho más estilizado. De forma que físicamente estuviera allí, pero con la cabeza puesta en otra parte, sumido en sus sueños y sus pensamientos, obligado a participar sin ganas en fiestas mundanas ajenas a su gusto. En cierto sentido es algo que se corresponde con mi realidad porque nunca me ha gustado el exceso de frivolidad.

Con el tiempo me he dado cuenta de que mi primera interpretación era demasiado moderna y realista para un ballet clásico, donde tradicionalmente el universo es mucho más sutil, más romántico. Tal vez sería una interpretación apropiada para una versión moderna, como el Lago de los Cisnes de Matthew Bourne, que me parece muy interesante.

Considero que es indispensable adaptar la interpretación a la visión que el coreógrafo tiene de su obra. En la versión de Patrick Bart, por ejemplo, la psicología de los personales es totalmente diferente y el rol del príncipe puede ser afrontado desde una perspectiva más actual. Además, en un ballet no sólo es importante el papel del solista. Es fundamental considerar la relación entre todos los personajes, como en la Giselle de Mats Ek.

Creo que la danza narrativa debe evolucionar hacia un conjunto de caracteres mucho más contemporáneos, porque evidentemente no podemos bailar eternamente los personajes del siglo XIX como se hacía entonces.

  • Share/Bookmark


Commenter - Comentario - Reply