Otras Miradas
15 Jun 2010
Mi primera clase de ballet

Mi primera clase de ballet
¡Fue hace mucho! Aunque en realidad no fue realmente una clase de baile. Yo vivía en Cartagena, España, con mi familia. Mi hermana pequeña tomaba clases de danza y un día de diciembre de 1979, en el que había una fiesta de disfraces, mi madre me pidió que acompañara a mi hermana. Tenía nueve años. Al verme, la profesora de baile me dijo que si quería quedarme con ellos y participé en una fiesta fantástica que duró de cinco de la tarde a nueve de la noche. Cuando mi madre vino a recogernos la profesora le dijo que yo tenía ritmo, y que por qué no me apuntaban a clase. Yo pensé que aquello sería genial. 

Así que de pronto me encontré agarrado a una barra, con una camiseta blanca, unas mallas y una especie de zapatillas de cuero duras como la madera que me producían un dolor horrible. Aquello fue un auténtico martirio. El primer curso fue una gran decepción porque yo esperaba ponerme a bailar de inmediato, y lo que viví fue una tortura. 

Por supuesto, yo era el único chico de la clase. Después de la primera decepción, le pregunté a la profesora que cuándo íbamos a empezábamos a bailar. Pilar me contestó que en dos o tres meses iba a tener lugar el espectáculo de fin de curso. Eligieron hacer la coreografía de “Grease” y claro, yo bailé el papel de Travolta, tras ese espectáculo decidí tomar clases tres veces por semana. Un día, Pilar le dijo a mi madre que ella ya me había enseñado todo lo que estaba en su mano, y que tenía que salir de Cartagena. Así que de pronto me encontré en Cannes, en la escuela de Rosella Hightower. Volví a ver a Pilar cuando me dieron la Medalla de la ciudad de Cartagena, y también ha venido a verme bailar a la Ópera de París. 

Hoy en día es José, con dedicación y pasión, el que transmite sus conocimientos a los más jóvenes.

Entrevista realizada por Martine Plannels

 

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